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Cómo conducir entrevistas efectivas en una investigación laboral

La entrevista es el paso más crítico de una investigación y el que más expedientes arruina. Estructura, orden de testigos y registro confiable: lo que separa un testimonio útil de uno que no resiste revisión.

José Alberto Acevedo Cerón · Agosto 2026 · 7 min

En la mayoría de las investigaciones laborales, la evidencia decisiva no está en un documento: está en lo que las personas vieron, oyeron e hicieron. Por eso la entrevista es el corazón del expediente, y también su punto más frágil. Una entrevista mal conducida contamina testimonios, alerta a quien no debía ser alertado y produce declaraciones que un tribunal descartará sin esfuerzo.

La buena noticia es que entrevistar bien no es un talento misterioso: es un método. Estas son las decisiones que más pesan.

El orden de los testigos no es un detalle

La secuencia correcta casi siempre es la misma: primero la persona denunciante, después los testigos periféricos (de menos a más cercanos a los hechos) y al final la persona señalada. La razón es probatoria: cuando llega el turno de la persona señalada, el investigador ya conoce los hechos con suficiente detalle para contrastar su versión, y la persona señalada ya no puede ajustar su relato a lo que otros dijeron, porque no sabe qué dijeron.

Invertir este orden (empezar por el señalado "para escuchar su lado") es uno de los errores más frecuentes y más caros: da tiempo para alinear versiones, presionar testigos o destruir evidencia.

Preparación: la entrevista se gana antes de empezar

Un investigador serio llega con una cronología preliminar, los documentos relevantes leídos y una guía de temas (no un guion rígido). Sabe qué necesita acreditar y qué elementos de la conducta están en duda. La guía protocolizada, como la que usa el método Wicklander-Zulawski, ordena la conversación en fases: construcción de contexto, relato libre, profundización y cierre.

Preparar también significa decidir la logística con criterio: lugar privado, sin interrupciones, duración razonable, y definir quién más estará presente. Cada persona adicional en la sala es un factor de inhibición.

Preguntas que suman y preguntas que destruyen

La regla central: preguntas abiertas primero, cerradas después, sugestivas nunca. "Cuénteme qué pasó ese día" produce información; "¿Es cierto que él la acosó?" produce un testimonio inservible, porque la respuesta fue inducida por el investigador.

  • Relato libre primero. Deje que la persona cuente todo sin interrumpir. Las interrupciones tempranas cortan detalles que no sabía que necesitaba.
  • Embudo después. Del relato general a los detalles específicos: fechas, lugares, palabras exactas, quién más estaba presente.
  • Contraste al final. Las inconsistencias con otros testimonios o documentos se plantean al cierre, con neutralidad y sin acusación.

El registro es el testimonio

Un testimonio que no quedó bien documentado, jurídicamente casi no existe. El estándar mínimo: acta de entrevista con fecha, hora, lugar, personas presentes, advertencias de confidencialidad y no represalia, el relato en la mayor fidelidad posible, y la firma de la persona entrevistada. Si la persona corrige algo antes de firmar, mejor: esa corrección es señal de que leyó y validó el contenido.

Y una advertencia sobre grabaciones: pueden ser útiles, pero su legalidad y sus efectos varían por jurisdicción y por el consentimiento de las partes. La decisión de grabar es jurídica, no solo práctica.

Los errores que más expedientes arruinan

  • Prometer confidencialidad absoluta o resultados que no dependen del investigador.
  • Entrevistar en grupo "para ahorrar tiempo": los testimonios se contaminan entre sí.
  • Dejar pasar semanas entre denuncia y entrevistas: la memoria se degrada y las versiones se alinean.
  • Que entreviste el jefe directo de alguna de las partes: la imparcialidad queda comprometida desde el inicio.

Una entrevista bien conducida protege a todas las partes: a quien denuncia, porque su relato queda fielmente registrado; a la persona señalada, porque su versión se escucha con las mismas reglas; y a la empresa, porque el expediente que resulta puede sostenerse frente a cualquiera que lo revise.

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